¿Escaleras al cielo o al capitalismo
verdeolivo del siglo XXI?
Juan González Feblez. CUBA ACTUALIDAD (PD)
Carlos
Saladrigas se ha convertido en el mesías-mecenas del regreso anunciado al
capitalismo de estado de corte corporativo fascista al que se mueve la élite de
poder en Cuba.
Como suele ocurrir, llega desde el norte con
bendiciones, aromas, inciensos y sahumerios eclesiales, a participar del festín
empresarial y convite a que la gerontocracia verdeolivo convoca.
Saladrigas
aclaró ser miembro del ‘exilio histórico’ y no del ‘exilio histérico’, al que
cataloga de “incoherente, irresponsable e intransigente”. Me pregunto si
nuestro mesías-mecenas no andará en proceso de acumulación de méritos para
ingresar en el próximo partido único, que sustituya al actual y que ya no será
exactamente comunista. Si en el actual, ya se aceptan religiosos y
homosexuales, ¿por qué no, en el venidero, exiliados adinerados de buena
conducta como es el caso del Sr. Saladrigas?
Producto
de la distorsión en los enfoques, algunos por acá no ven un exilio histórico y
otro “histérico”. Para ponerlo más fácil, algunos creen ver un exilio adinerado
y otro no. O para ser más específicos, un exilio con dinero y sin vergüenza,
otro con dinero y con vergüenza y una mayoría abrumadora sin dinero y sin saber
qué hacer o donde poner la vergüenza. En fin, los dos linajes de siempre: tener
y no tener, con la variante de la vergüenza, incorporada o no.
Otra joyita que nos regaló el Sr. Saladrigas
fue aquello relacionado con el papel de la iglesia en aras de suavizar el
“capitalismo feroz” que eventualmente nos vendría encima. Sobre este
particular, Saladrigas dijo que la Iglesia, con sus valores, podría intervenir
para evitar un capitalismo deshumanizado. Una verdadera joyita que remitió a
muchos a la forma en que la iglesia suavizó o evitó la esclavitud
“deshumanizada” entre los siglos XV y XIX. O la forma piadosa en que ayudó al
indio Hatuey a pasar la prueba del fuego.
Me
imagino al Sr. Cardenal Jaime Ortega, en el trance de invitar al cacique Hatuey
al cielo, como invitó a los prisioneros de conciencia excarcelados a España.
Entonces, la única duda que me quedaría es si Hatuey consiguió ser tan feliz en
el cielo como lo han sido, sin duda razonable alguna, los prisioneros políticos
excarcelados que nuestro cardenal envió a España. Disponer de certezas sobre
esto es lo que yo llamaría una verdadera prueba de fe.
Por
lo pronto, me consta que el señor cardenal Jaime Ortega, ha pasado la prueba
del socialismo feroz verdeolivo de Cuba. Rebasó con éxito a las UMAP y es un
empresario eclesial exitoso, avezado en trasiegos inmobiliarios y otras
menudencias clandestinas en el ámbito de los pasajes divinos y las escaleras al
cielo por la vía inmobiliaria. En fin, una prueba de cómo históricamente ya se
consiguió rebasar la venta de indulgencias y se avanza en ascenso victorioso,
hasta con escaleras al cielo, al capitalismo verdeolivo del siglo XXI.
Otra
pieza relevante aportada por el señor Saladrigas en su exposición fue el
reconocimiento de los pasos dados por el gobierno cubano con las pasadas
excarcelaciones. Dejó dicha la idea sobre la “trasformación del país”. Esta
sería vista como un gran rompecabezas donde y siempre según Saladrigas, puede
decirse que el Estado cubano ha puesto las primeras piezas con “las
excarcelaciones y la suspensión de prohibiciones absurdas”. Que a los cubanos
emigrados les tocará poner también las suyas.
¿Habrá
olvidado el señor Saladrigas que alguien debía consultar al pueblo de Cuba
sobre lo que en realidad prefiere?
Saladrigas
pasa por alto la práctica represiva llevada adelante por la policía Seguridad
del Estado antes, durante y después de la visita papal. Una secuencia que
algunos bromistas y otros no tanto, catalogaron como “jubileo, voto de silencio
y penitencia”. Mientras que por otra parte y para elementos del pueblo llano,
todo no pasó de ser más que una “visita con fuerza y una misa con violencia”.
En
el convite con Saladrigas en terreno consagrado, participaron destacados
exponentes de la sociedad civil. Todos podrían clasificar como futuros
interlocutores de la componenda que se avecina. Muchos han mantenido una tan
buena conducta como la ostentada por Saladrigas y otros miembros de eso que
catalogó como exilio no histérico. Así, intervinieron representantes de la
revista Espacio Laical, la red de proyectos Observatorio Crítico, la plataforma
de periodismo digital Voces, el proyecto Socialismo Participativo y Democrático
(SPD) y el Comité Cubano por la Integración Racial, entre otros. Sin duda
alguna, entre ellos habrá quienes podrán ser ─ o no ─ heraldos portadores del
acercamiento a las propuestas económicas sin libertad que trata de ampliar el
sector del exilio al que representa este mesías-mecenas, Carlos Saladrigas.
Lo
cierto es que el tránsito al capitalismo sin democracia es la caída libre en un
régimen de corte fascista. Resulta vergonzoso constatar que personas que han
hecho su fortuna en las condiciones de la democracia liberal americana, se
avengan a este peligroso experimento continuista. Quizás en las reuniones con
Saladrigas, al amparo de inciensos y sahumerios, faltó quien diera alto y claro
el santo y seña de la palabra democracia. Pero esto era improbable, ya que se
trataba de personas de buena conducta.
Por
lo pronto, quizás la primera entre las prohibiciones absurdas y no tan absurdas
que pesan sobre los cubanos, y que habría que retirar de inmediato, sea aquella
que nos limita en el derecho a ser honrados, a pensar y hablar sin hipocresía.
Porque los cubanos no somos libres en Cuba y la libertad de la que se nos
priva, rebasa las sacristías y los balances bancarios de todos los emigrados,
con buena conducta o sin ella.
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