Sunday, February 12, 2012

El pueblo no se equivoca

Kiko Bautista. TAL CUAL DIGITAL

El gobierno entiende que las primarias son un cohete para la oposición y que el día 13 de febrero, el candidato triunfador se montará por encima del 50% en las encuestas. Será visto como el nuevo presidente. Por eso, no se pueden quedar tranquilos y tienen en la calle una estrategia para aterrorizar a los votantes.
El chavismo se ha apegado al poder cual si fuera una droga sin la que no pueden vivir. Intentan amedrentar a los empleados públicos, a los independientes, a todo el que se les atraviese para que no salgan de sus casas el 12 de febrero. Riegan que van a estar fotografiando al que ande en las calles. Prohíben a los militantes del PSUV que se acerquen a las mesas. Amenazan con sacar de las listas de los apartamentos, de las becas y demás misiones al que aparezca con el dedito manchado de tinta indeleble.
Se les sale el militarismo por todos lados. Usan el miedo como arma para bajar la moral del enemigo. Asustan y amenazan y al hacerlo, evidencian que los chorreados son ellos. El mito de que Chávez es invencible no es sino una coraza para esconder la fragilidad de la revolución. Todo depende de un solo hombre. Como vaya el comandante, así andan las cosas.
Pero, después de 13 años, es natural que aparezca el desgaste. Que la gente se acostumbre al discurso y a sus trampas y pierda el miedo. Chávez ha repetido el mismo plan hasta el cansancio. Nos conocemos sus trucos. Desde que la oposición abandonó la agenda radical y centró su actuación en los votos y en las masas, el gobierno ha perdido espacio, ha cogido suelo varias veces. Esa ha sido la tendencia en los últimos procesos electorales.
Las primarias fueron un gran debate. Ciertos partidos y sus liderazgos apostaban a los acuerdos. La racionalidad terminó por imponerse. Demasiados rollos. Resulta que a la hora de marchar, de pelear contra la reforma o el cierre de RCTV, todos éramos hermanitos. Bastaba que apareciera una elección, algún carguito que disputar y la unidad se volvía un coleto. Se inventó lo de las encuestas y los únicos beneficiados con el método fueron las empresas que se forraron de billete a punta de promocionar candidatos. Dependiendo de quién pagara la medición, ganaba en los numeritos.
En las primarias de Chacao, Baruta, El Hatillo y Sucre, votó un gentío. En las de San Cristóbal, Valencia y Maracaibo, igual. Si se suman los resultados de todas estas elecciones el resultado debe servir para darnos una idea de cuántos van a votar este domingo. Se sabe que por las características de estos procesos votan entre el 10 y, cuando mucho, el 15% del padrón electoral. La comisión electoral de la MUD ha diseñado un esquema de mesas que aguanta hasta 3 millones de electores. Sin embargo, las cifras deben ser otras.
Si votan un millón 200 mil, un millón 500 o más, el éxito es total. A Chávez le puede dar algo. Peligra su permanencia en el poder. La sensación que invadirá al país será de cambio. Eso no significa que el mandado está hecho. El hombre tiene muchos recursos. Tiene una chequera ilimitada y su carisma. Además todas las instituciones del Estado. La batalla se ganará peleando. Hasta ahora hemos visto cuñas muy parecidas entre uno u otro candidato. Puros testimoniales y discursos sobre los problemas que más afectan a los venezolanos. Eso no basta para triunfar el 7 de octubre.
Lo fundamental es la oferta social. Cómo superar la del gobierno y que además, el discurso sea creíble. Es indispensable generar calor, afecto, pasión por los que menos tienen y son mayoría. El objetivo es convencer a los independientes, a los que votaron por Chávez y están descontentos.
Atraer a los que no votan nunca. Gracias a Dios y el género humano se caracteriza por cambiar. Por avanzar en su pensamiento. Los que hoy votan por Chávez, ayer lo hacían por AD o por Copei. Hay que impulsar una corriente de cambio que se nutra de la esperanza. Que le haga sentir a los venezolanos que vienen tiempos de progreso, de desarrollo y abundancia. Habrá empleo, vivienda, seguridad social y educación y lo más importante, viviremos como hermanos, en paz.
El 12 de febrero debemos superar el radicalismo y la vieja manera de hacer política. El liderazgo vencedor debe relacionarse con la gente con honestidad, con autenticidad. Sin las trampas y conjuras a las que estamos acostumbrados como comportamiento habitual de los políticos.
Esa es una tendencia el mundo. Ayudan las redes y todo lo que aporta la red. La comunicación ahora es más pareja. Las masas son las protagonistas y con ellas hay que discutir. Pasaron los tiempos de las imposiciones.
Las primarias son un gran acierto. Se está haciendo lo necesario para ganar. La gente, el domingo, va a votar por el candidato que, a su juicio, puede derrotar a Chávez. Esa es la clave. El pueblo, como decía Caldera, nunca se equivoca.

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