Monday, February 27, 2012

La soberbia en el “perdón”

Mario J. Viera
No le quedaba otra posibilidad. Su condena a la libre expresión de la opinión, obtenida mediante la genuflexión de jueces sometidos al Ejecutivo, había recibido la repulsa internacional. Toda la prensa del mundo, salvo la sometida a los gobiernos autoritarios, denunciaron los mecanismos represivos que en Ecuador se han instrumentado en contra de la prensa no sometida. La Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) se había expresado en rechazo a la sentencia que se dictara en contra de el diario EL UNIVERSO de Guayaquil así como en contra del exeditorialista Emilio Palacio y los directivos del diario, Carlos, César y Nicolás Pérez.
Panamá concedía el asilo diplomático a Carlos Pérez y su ministro de relaciones exteriores Roberto Henríquez, responde a las quejas presentadas por la cancillería ecuatoriana que planteaban que el presidente panameño también en varias ocasiones se ha quejado de supuestos abusos de la prensa. Aunque existe “cierta afinidad” entre Panamá y Ecuador, diría Heríquez, en cuanto a que “los medios (...) a veces no son objetivos, hacen ataques injustos y a veces permiten incluso a columnistas y a ciudadanos expresarse de una forma denigrante y sin pruebas contra altos funcionarios” mostró la diferencia entre los dos gobiernos: “Pero quizá la diferencia está en que en nuestro Gobierno no hay ni un solo periodista demandado por ningún funcionario de alto nivel ni del presidente (...) yo creo que la diferencia está en la forma cómo el Gobierno ecuatoriano actuó ante estas quejas, de ataques a veces muy duros que se le hacen a los funcionarios públicos”.
Dos días atrás Correa expresó su desacuerdo con el comunicado del Centro Carter que mostraba la preocupación de varios expresidentes americanos y personalidades de la región que integran el Grupo de Amigos de la Carta Democrática Interamericana en relación a la condena a EL UNIVERSO y a la situación de la libertad de expresión en Ecuador, según reportara el propio diario EL UNIVERSO. Para el mandatario la opinión de los expresidentes estaba influida por el desconocimiento que los mismos tenían de la realidad ecuatoriana, la misma excusa que acostumbran a usar los Castro para referirse oblicuamente a la “realidad” de su propio poder.
Impulsado por la presión internacional, Correa ha decidido dar marcha atrás a las sanciones penales y civiles en contra de EL UNIVERSO, pero sin abandonar su insolencia y su prepotencia. “Nunca quise ese juicio” mintió Correa, toda la campaña que realizó en torno a la demanda, su rechazo a la propuesta del diario a recoger la opinión del presidente, en ejercicio del derecho de réplica, en su páginas; su oposición a la CIDH cuando el 11 de noviembre dijera: “La CIDH nos pide información sobre un juicio en marcha... Están abusando de su poder” o cuando hace solo unos pocos días dijera: “A mí qué me importa lo que diga la Comisión”, para agregar ofuscado: “Qué me importa la opinión de la Relatoría, si lo que Ecuador firmó fue la Convención, no los reglamentos que se les ocurrieron a estos señores donde se arrogaron funciones”; todo esto indica a las claras que Correa sí quería el juicio; y aunque afirme que nunca buscaba “quebrar a alguien, lo único que buscamos y así lo dijimos es la verdad”, la verdad es que quería hacer quebrar al diario para dar un ejemplo y mostrar lo que podría sucederle al que fuera capaz de criticarle acervamente.
Su tono cesáreo, su úcase zarista, su urbi et orbi desde el Palatino de Carondelet, se expresa en la concesión de perdón que la circunstancias le ha obligado a hacer:
Aunque sé que muchos quieren que no se haga ninguna concesión a quienes no lo merecen, así como tomé la decisión de iniciar este juicio, he decidido ratificar algo que desde hace tiempo he decidido en mi corazón (...) perdonar a los acusados, concediéndoles la remisión de las condenas que merecidamente recibieron, incluyendo a la compañía El Universo; también he decidido que desistiré de la demanda que propuse en contra de los autores del libro El Gran Hermano
No tuvo más remedio que rectificar pero su explosivo narcisismo no le permite aceptar que el mundo le había condenado y que estaba obligado a aceptar la presión internacional.

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