Monday, February 13, 2012

Eternidad, evangelización y una carta de amor

Mario J. Viera

Me atreví a revisar el JUVENTUD REBELDE digital de este domingo 12 de febrero. Si la única información que tuviera de Cuba, si no tuviera mis propias vivencias, leyendo los titulares que este día publica el periódico castrista, me imaginaría a la Cuba de ahora como un verdadero vergel, una especie de obra de amor evangelizadora que abarcara en su regazo a todos los felices mortales que tuvieron la dicha de nacer y vivir en ese paraíso tropical, y pensaría que Cuba es un gigante económico construido por soñadores que hicieron reales sus sueños.
Castro I se nos presenta como el vencedor del tiempo, el hombre eterno, el siempre él mismo. Nueve horas intercambiando ideas con 48 “reconocidos” escritores, pensadores y científicos cubanos junto a 69 intelectuales de 21 países que asisten a la Feria del Libro de La Habana. Pobres intelectuales que debieron hacer un gran esfuerzo de su intelecto para captar los balbuceos del pobre vegete, que años atrás era el macho cabrío de la izquierda bananera latinoamericana y de la izquierda de terciopelo de Europa.
Son 540 minutos de parloteo que para Juventud Rebelde “suponen la intensidad de varias bibliotecas y una carga emocional que durará días y ya no olvidarán los que la vivieron”. Genial el Castro decadente, a pesar del deterioro de su mente tiene la sabiduría de varias bibliotecas para ilustrar a esos 48 más 69 intelectuales que de algún modo tienen que agradecer las vacaciones en Cuba que el gobierno del Castrico, el general de oficina, el que dicen es el Presidente, les ha regalado.
Es el Fidel de siempre”, resume Ignacio Ramonet, uno de esos que han sido galardonados como Doctor Honoris Causa por la Universidad de La Habana, título que se le otorgara este 10 de febrero, un periodista de izquierda aberrante que se declara partidario del control del periodismo, pero solo del periodismo que no comulga con el suyo, no como el que se practica en Cuba o en TeleSur que él asesora.
Fidel Castro, es el “adivino histórico” según el uruguayo-cubano Daniel Chavarría, uno que bien baila. Tan adivino que no se percató de que la Unión Soviética era en realidad  el Tigre de Papel y no los Estados Unidos como creía Mao.
Para el beatífico Frei Betto no hay límites y es capaz de caer en la blasfemia de comparar el engendro político-social creado por Fidel Castro con la obra evangelizadora de Jesús de Nazaret y cerrar los ojos ante la verdad que niega sus afirmaciones: “¿Qué significa el evangelismo de Jesús? Significa dar comida a quien pasa hambre, salud a quien está enfermo, amparo a quien está desamparado, ocupación a quien está desocupado. Eso está en la letra del Evangelio. Por eso digo que esta es una obra trascendente”.
Hambruna como tal no se ha desatado en Cuba, pero desnutrición, angustia por conseguir aunque sea un poco que llevar a la boca o para alimentar a los hijos es el eterno bregar del cubano que no forma parte de la élite castrista. Servicios médicos deficientes en hospitales  con condiciones pésimas de salubridad y el desamparo de los ancianos que ni apenas les alcanza para el diario el magro cheque de su jubilación; la terrible condición de viviendas hacinadas y miserables que constituye la inmensa mayoría de las viviendas de Cuba. ¿Acaso Jesús predicó el odio? ¿Predicó acosar, ofender, agredir, encarcelar al prójimo por pensar diferente? ¿Predicó el abandono criminal a los presos de conciencia y dejarles morir si se declaraban en huelga de hambre en reclamo de justicia?
Qué decir de la crónica de lo absurdo-maravilloso del articulista Ricardo Ronquillo Bello que afirma que en Cuba nunca faltan soñadores, “por muy duras que sean las condiciones. O tal vez en medio de ellas es cuando más despiertan; porque de qué otra cosa está concebido el hilo de nuestra historia, sino de arrestos de soñadores”. El ve el desastre de Cuba como una obra maravillosa de los sueños hechos realidad. En la Cuba de los años 60, nos dice el redactor “No le había emergido un Cristo milagroso de la cruz, pero le había nacido una nueva fe (...) Y con aquella luz se atrevía un pueblo a caminar entre las sombras hacia un nuevo destino. La irreverencia era la única convención”. Aquellos años 60 cuando el pueblo se adormecía con el opio del populismo-nacionalista que les hacía aspirar el que ahora es la triste sombra de un vegete que se engaña a sí mismo y se pierde en su miseria física para ofrecerse como reflexionante.
Defendiendo la supuesta plataforma que el castrismo asume como de todos los cubanos Ronquillo Bello concluye su crónica diciendo: “Esa plataforma la hemos ido rearmando en los últimos años, y habrá que seguirlo haciendo, para que nada le apague el brillo, la luz abrasadora con la que debe seguir enamorando a los cubanos”. ¿Cuál es, por Dios, esa luz abrasadora que enamora a los cubanos? No parece que el escribiente camina por los barrios marginales de La Habana que ya son casi todos sus barrios, ni que preste atención a los rostros angustiados y desesperado de los ancianos, ni al descontento y la falta de esperanzas que se anida en el corazón de la mayoría de la juventud cubana.
Por último, como para conmemorar el 14 de febrero se reproduce una carta de amor de la esposa del sicario castrista Gerardo Hernández que cumple dos condenas perpetuas en los Estados Unidos por espionaje y conspiración para cometer homicidio. Una cartica bonita, romántica que no se escribió para la intimidad de la pareja separada sino para su publicación y divulgación como un intento de hacer propaganda por medio de la empatía que genera una historia de amor truncada por la prisión y por aquel triste reclamo de despertar, como le dice a su amado, “a tu lado y abrazarte como lo harán la mayoría de las parejas, de las que hoy siento envidia” y lamenta “más de catorce años sin besarte, sin tocarte, conformándome solo con oír tu voz en una llamada, cuando se puede”. Hasta los más íntimos sentimientos humanos son empleados por el castrismo para beneficio de su propaganda.
No obstante, la esposa compungida, no piensa en el amor truncado fatalmente de Wilman Villar Mendoza por su muerte en medio de una huelga de hambre iniciada en las celdas del presidio político cubano. La esposa de Wilman ya no podrá despertar al lado de su amado, ya no irá a dormir con un beso de su esposo. Esa irremediable separación pudo evitarse con un poco de humanismo por parte de los carceleros y del jefe del partido comunista. También pudo evitarse la separación de la esposa del espía si los Castro no le hubieran encargado la misión o él se hubiera negado a cumplirla. El tuvo la opción y esa opción podría significar también la prisión.

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