Monday, May 7, 2012


Agresión Frustrada

El violento intento de desalojo de una familia

Ernesto Santana Zaldívar. CUBANET
Los corruptos vienen a desalojar a los humildes”)

En El Vedado, como la mayor parte de las edificaciones tienen relativamente menos años que las de Habana Vieja o Centro Habana, no ha sido tan frecuente la noticia de que un inmueble haya colapsado o de que sus moradores hayan tenido que ser evacuados con urgencia. En los últimos meses, no obstante, son varios los edificios que han llegado a un peligroso final en esta barriada. O que están llegando a él, al menos en una parte del inmueble.

Esto último es lo que está ocurriendo desde hace varios años en el apartamento número 2 del número 1060, en Línea entre 12 y 14. Los techos, a pesar de las vigas de hierro que los contienen y los postes de madera que los apuntalan, están combados y agrietados. Las paredes están asimismo en muy malas condiciones. Pero en el año 2010 a la familia que residía en el apartamento contiguo (encabezada por Francisco Martínez Blanes, teniente coronel en la Dirección de Seguridad del Estado en Villa Marista) le asignaron una casa y, luego de infructuosos intentos de buscar una vía legal y en vista del riesgo que corrían sus vidas, los residentes del apartamento 2 decidieron ocupar el apartamento vacío.

De inmediato fueron acusados de usurpación ilegal violenta y amenazados varias veces de desalojo, pero finalmente el tribunal municipal determinó que no había ocurrido delito alguno porque la ocupación se realizó, sin duda alguna, para salvar vidas. Eso no fue suficiente, sin embargo. Y por fin, el jueves 19 de abril ocurrió lo impensable: un asalto de violencia desmedida contra la vivienda ocupada por Pablo Méndez Piña y cinco mujeres, entre ellas una anciana parapléjica de noventa y cinco años.

Un vecino cuenta que, poco después de las ocho de la mañana, cuando salió a trabajar, vio al oficial Francisco Martínez hablando por un walkie-talkie, como dando instrucciones. “Había varias motos Suzuki en las inmediaciones, un Lada con tres mujeres”, cuenta. “De pronto empezó a agruparse gente y se formó un despliegue de segurosos y policías como si fueran a buscar a un terrorista armado hasta los dientes. Empezaron a forzar la puerta de abajo, pero hasta con una pata de cabra les costaba trabajo y entonces apareció uno con una mandarria de veinticinco o treinta libras, que nunca llegó a golpear porque a esa altura ya había mucha gente tirando fotos con cámaras y celulares. Por fin rompieron la primera puerta y entraron a romper la reja. Pero entonces”, dice admirado el vecino, “fue cuando Pablo puso el letrero y la calle se llenó todavía más de gente y tiraban más fotos. Al rato vi como unas mujeres se iban con sus palos y otras cosas en las manos como si les hubieran dado la orden de retirarse. Ellos le llaman a eso ‘extracción’, pero eso”, concluye, “siempre se ha llamado desalojo”.

En la esquina de la bodega de Línea y 14”, cuenta otro testigo, “había varios carros y motocicletas, una guagua también, y mucha gente, hasta un tipo con una mandarria. Era un grupo enorme de gente fuertona, todos preparados. Yo vi a unas ochenta personas identificables por lo menos, pero eran más, porque estaban regados. Estoy seguro de que eran más de cien. Fue una cosa como de nazis”. Y concluye: “Pero tuvieron que irse con el rabo entre las piernas”. Otro vecino asegura que todo duró alrededor de media hora o cuarenta y cinco minutos. El tráfico se paró en la senda de Línea del otro lado. La gente se paraba a tirar fotos con cámaras y celulares. “Este es un edificio en muy mal estado, y yo vivo ahí también. Sin embargo, a una cuadra de aquí, en Línea y 16, hay un edificio en donde vive casi toda la familia de Armando Hart y nadie los molesta. Y se supone que esta fue una revolución para los humildes”, dice, indignado.

Cuando, después de romper la puerta de abajo y abrir la reja de la escalera, el grupo comenzó a golpear la puerta del apartamento, asegurada con una tranca, Pablo Méndez temió por la integridad física de las cinco mujeres que se encontraban allí con él. Ya el letrero, improvisado con una sábana y un poco de pintura (“Los corruptos vienen a desalojar a los humildes”) llevaba varios minutos a la vista de todos. Cuando los golpes arreciaban más, de improviso cesaron y los asaltantes se retiraron, dejando allí varias cabillas y palos que no se llevaron para que no se les viera salir con ellos. Dice otro vecino: “Yo llegué tarde y se supone que ya se habían ido casi todos, pero dejaron a un tipo sentado en el muro junto al edificio, dos en la esquina de 14, dos dentro de la panadería de 12; después pasó uno en una moto Suzuki, despacito, daba la vuelta a la manzana y volvía de nuevo. Todo el mundo estaba disgustado, todo el que pasaba comentaba lo mismo, que eso era una injusticia”.

Más tarde vino Jesús Espinosa, el primer secretario del PCC municipal de Plaza de la Revolución. “Posiblemente él sabía ya que soy opositor y periodista independiente”, explica Pablo Méndez. “Siempre es la misma historia, la misma demagogia; siempre te quieren envolver. Me dijo que quería llevarse el cartel y presentarlo para que los irresponsables vieran lo que pasó. No me negué, pero le pregunté si quería llevárselo como trofeo y entonces me dijo que no y me lo dejó. Le expliqué toda la historia, le enseñé todos los papeles, las cartas de Vivienda, el organismo más corrupto que tiene este país; le mostré la puerta rota y le dije que fueron ellos los que pusieron la violencia, los que vinieron con intenciones asesinas. ‘Usted es la primera persona que viene aquí a conversar, a interesarse por el problema’, le dije. La gente se acostumbra a buscar una palanca para que le resuelvan el problema. Yo soy un ciudadano cubano y me tienen que respetar y tienen que respetar los artículos de la Constitución”, añade.

Una hora después vino una brigada a reparar la puerta y le pusieron un llavín. “Temían que viniera la prensa extranjera”, dice Pablo. “Mira, ellos se quedaron botados. Seguro que pensaron: ‘Como este es opositor, seguro va a llamar a otros opositores para gritar consignas y tirar fotos’, y entonces ellos iban a armar la fiesta del Guatao. Pero se quedaron botados, con la carabina al hombro. La mayoría de la gente se solidarizó con nosotros, los vecinos vienen a ver el letrero. Salí ileso, hasta el momento, porque la verdad es que no sé lo que viene”.

Por eso es que quiero ver, por la parte penal, a quién yo demando ahora por este acto de violencia donde está involucrada la policía y la Seguridad del Estado. Se supone que ese acto brutal es ilegal”, dice Pablo Méndez. “Creo que se puede hacer una demanda, si no a una persona determinada, por lo menos al Ministerio del Interior, porque hay pruebas suficientes, videos, fotos, y muchos testigos dispuestos a contar lo que ocurrió”.

“Cosas como esta no se pueden dejar pasar”, sostiene con pleno convencimiento.
Fotos Ernesto Santana

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