Wednesday, May 2, 2012


Entre el estado y la religión

Guillermo Descalzi. EL NUEVO HERALD

Palabras escandalosas. Quien las vierte sabiendo lo que hace es partícipe del escándalo. Es el caso de monseñor Ortega. Sí, existen los que arman escándalos ignorando el alcance de lo que dicen y hacen. No es el caso del monseñor. Las palabras y acciones del cardenal definen su apostolado en Cuba. Indican servicio tanto al gobierno como a su iglesia. Dirá que no sirve al gobierno sino que trabaja, y no para el gobierno sino con el gobierno, en algunas cosas en servicio de la iglesia. Cristo nunca sirvió, contemporizó o trabajó en nada con el poder temporal. El servicio duplícito del cardenal, además, debilita la victoria del cristianismo en nuestra herencia, la mezcla del mundo árabe y el romano de la que sale la hispanidad.

Uno de los primeros nombres en nuestro idioma es el de la virgen de Guadalupe. Viene de Wadi Lupo, arroyo de los lobos. Lupo es lobo en latín. Wadi es arroyo en árabe. La virgen de Guadalupe es la del Wadi Lupo. La luna es el símbolo del Islam. Los lobos ‘cantan’ aullando a la luna llena. En la reconquista el arroyo de los lobos adquirió importancia simbólica con la virgen del Wadi Lupo alzándose sobre la luna islámica en cuarto creciente a sus pies. Han pasado siglos. Hoy el cristianismo y la hispanidad luchan por elevarse sobre la estrella roja en Cuba. Elevarse requiere fe, pero en la reconquista de la isla la fe está mezclada con los propósitos del poder temporal, y lo está nada menos que con la participación del máximo representante de la iglesia cubana.

No hay palabras para explicar lo que resulta de la mezcla de propósitos del arzobispado y el gobierno. Dependemos de palabras. También dependemos, en este siglo XXI, de computadoras, y las computadoras no entienden palabras. ‘Hablan’ en código binario. Para comunicarnos con ellas usamos mediadores, programas que traducen nuestras palabras al código de las computadoras y viceversa. Algo similar ocurre con Dios en el catolicismo. En la iglesia los fieles no manejan el código de la divinidad. Lo hacen el sumo pontífice y sus sacerdotes. Cuando un intérprete del código de Dios utiliza su función para acomodarse o acomodar su iglesia con el poder terrenal, sus palabras mal-dicen, dicen mal, salen mal, causan mal. Jesús nunca buscó acomodo alguno. Las palabras de monseñor Jaime Ortega y Alamino en un foro en Harvard sobre el papel de la iglesia en Cuba no manifiestan otra cosa que acomodo. Habló de 13 disidentes sacados con violencia de un templo habanero. Dijo que no fueron sacados a la fuerza y que “era un grupo, y me apena decirlo, de antiguos delincuentes”. Los disidentes pedían la excarcelación de presos políticos, libertad de expresión, acceso a la Internet y un estado de derecho. Fueron sacados de la iglesia a golpes y patadas en vísperas de la llegada de Benedicto XVI.

El cardenal también utilizó, en ese foro, el nombre del recientemente fallecido monseñor Agustín Román, diciendo que “Román me llamó aparte y me dijo: En tus discursos, en tus homilías, tú hablas de reconciliación. No menciones esa palabra en Miami… Es terrible que un obispo, que nosotros, tengamos que callar esa palabra (reconciliación) que es nuestra, propia del cristianismo”. De esa manera responsabiliza al exilio por la persistente división entre los cubanos. Monseñor Román, conocedor por obras del código divino, no puede haber hablado tamaño desatino. Ortega o lo mal entendió o lo mal aplicó, o ambas cosas a la vez.

Jesús echó a los mercaderes del templo. En este caso, con la evidente aprobación tácita o explícita de Ortega, el castrismo echó del templo a gente que nunca se vendió. Fue al revés, el templo fue retomado por los mercaderes del poder terrenal. Ortega manifestó que lo ocurrido se organizó en Miami. Así diciendo pintó al exilio con brocha roja. Rojo, en la visión orteguista, parece ser no tanto el color del comunismo como el de la sangre cubana vertida por causa del exilio. El cardenal ni oye, ni ve, ni siente, ni interpreta correctamente el código de Dios.

Benedicto XVI acudió a Cuba para conmemorar cuatro siglos de la Virgen de la Caridad del Cobre. La Virgen de Guadalupe simbolizó la reconquista española. La Virgen de la Caridad del Cobre simbolizará la reconquista de Cuba, y se alzará sobre la estrella de adoración impuesta por el régimen en la isla. En ese día estaremos no con la estrella roja del gobierno sino con la cruz de salvación y su pueblo en una primavera que habrá tardado más de medio siglo en llegar.

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