Sunday, January 22, 2012

Honduras. El cáncer de nuestra sociedad

Patricia D´Arcy Lardizábal. LA TRIBUNA

A nuestra sociedad se le ha violado el derecho a vivir en paz. El día de hoy, los niveles de violencia social parecieran haberse exacerbado y no tener límites. La muerte, el asalto y la extorsión han invadido definitivamente nuestras vidas, robándonos la paz y la tranquilidad.
La inseguridad ciudadana ha demostrado que llegó para quedarse, ya que la hemos experimentado con todos los colores políticos que han desfilado en nuestro sistema de gobierno. El virus de la violencia se ha extendido como una verdadera pandemia, evidenciando que es altamente resistente a las “medicinas” que en materia de seguridad le han aplicado. Por el contrario, los bajos instintos han convertido incontrolablemente violenta a nuestra sociedad.
Pero si hasta el día de hoy todo parece haber fallado, es porque como sociedad, seguramente, hemos fallado. Como personas, como ciudadanos y como cristianos o no cristianos, muchos hemos fallado en la crianza y educación de nuestros hijos.
Hemos fallado porque como padres al dejar a nuestros hijos, “a la buena de Dios”. En consecuencia, muchos niños y adolescentes han crecido torcidos, con la mala influencia de la calle y las malas costumbres. No ha existido ni el consejo a tiempo, ni la adecuada corrección temprana.
Como que el siglo XX nos hizo cambiar de una paternidad extremadamente dura, exigente y severa, a una paternidad totalmente “floja”, indolente e irresponsable. De una paternidad plenamente involucrada en la crianza de los hijos, a una paternidad que no tiene tiempo ni buena voluntad para hacerlo.
Definitivamente, casi todos hemos faltado a nuestros deberes, la primera escuela que es el hogar, falló al no priorizar ni privilegiar la enseñanza marginando los valores morales, como algo fundamental en la vida familiar y social. Y la escuela le dio el “tiro de gracia”, al excluir del pensum escolar la materia de “Moral, Urbanidad y Cívica”.
En lugar de eliminar dicha matera a los estudiantes de tercer ciclo, el Ministerio de Educación debió exigirles revisar mejor el contenido didáctico y enriquecerlo, mejorarlo, actualizándolo y modernizándolo y así volver la materia más funcional y provechosa para la sociedad hondureña del siglo XXI.
La ausencia de valores morales en la vida social se hizo sentir de la manera más patética. Con hijos que no respetan a sus padres, estudiantes que no respetan a sus maestros y ciudadanos que no respetan las leyes ni la autoridad. Como el clásico ejemplo de los abusivos buseros que no respetan a nadie, que además no respetan las señales de Tránsito, ni la dignidad, ni la vida de los pasajeros; convirtiendo así las calles de Honduras, en una selvática jungla donde impera “la ley del más fuerte”.
Es tan evidente la carencia de valores morales y cívicos en nuestro país, que la no existencia de los mismos se percibe como lo más normal y natural. Huérfana entonces de principios y valores morales, la sociedad hondureña ha sido presa fácil de los bajos instintos de la delincuencia y la criminalidad. Igualmente, la hondureñidad, se ha convertido en víctima de políticos corruptos, funcionarios y empleados públicos, tanto como jueces, magistrados y fiscales y toda la amplia gama de servidores que va en crescendo en corrupción en nuestra querida Honduras.
Ostentar un primer lugar en la lista de los países más violentos del mundo, es un galardón que nos lo hemos ganado gracias a la carencia de valores morales en nuestra sociedad y a la pasividad de los buenos que implica complicidad.
Pero llegó el momento de hacer un alto en el camino y de tomar la decisión de cambiar este rumbo equivocado que como país no hemos tenido la convicción y el valor de salir a su rescate porque las tinieblas de la oscuridad y negligencia, permanecen aún, hasta que nos esforcemos para que llegue la luz del nuevo día. Y ese día ha llegado.
Preparemos el ambiente, siendo portadores de un mensaje positivo que nos ayude a recuperar esos valiosos principios que han estado prácticamente olvidados y abandonados. Como si escribiésemos un nuevo acuerdo de paz, por interés nacional, hagamos nuestro el reto de rescatar los valores morales.
Una vez que se ha fijado el espacio en el que se debe librar esta lucha cívica y habiendo llegado el momento impostergable para salirle al frente a la crisis en que estamos sumidos, tenemos que estar conscientes que nadie gana una batalla solo.
Debemos unirnos todos en un solo haz de voluntades para tratar así, de salvar Honduras: que hagan cola los irresponsables y corruptos, que se llenen la bolsa de los dineros del pueblo porque todo ello dará mayor justificación para que, la ciudadanía consciente de este país, dé un voto de castigo a los corruptos, para ello no se necesita señalarlos con el dedo, puesto que sus acciones han hecho estallar en la cara del pueblo su desvergüenza.
DIOS es el que da el poder y quita el poder, y si DIOS existe, como nosotros creemos, él será nuestro socio en esta lucha.
Que lo digan si no, los propensos al cáncer.

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